Documento sin título Pongamos en hora nuestro reloj biológico.

Resumimos algunos de los conceptos expuestos por Mario E. Guido durante la charla del Café:

El concepto de tiempo transcurrido ha preocupado al hombre desde hace muchos miles de años. Nos entendemos mejor con el espacio que con el tiempo. Así es como el filosofo Pascal lo hacía notar cuando decía que “a pesar de nuestro tamaño tan reducido en relación al Universo, nosotros somos conscientes de nuestras limitaciones pero el Universo nada sabe de nosotros ni de si mismo.”

Pero no solo el hombre sino también todos los animales y plantas estudiados hasta ahora junto a algunos microorganismos, tales como las cianobacterias, miden de algún modo el paso del tiempo, de manera interna: un tiempo biológico.

La conciencia del tiempo nos permite recordar el pasado o proyectar el futuro, y puede ser una característica única del hombre respecto al resto de seres vivos, resulta una particularidad humana tan característica como la conciencia en sí misma. Calcular el tiempo, valorar duraciones y predecirlas es una función básica que permite entre otras cosas, regular el comportamiento y tiene un valor ecológico y de supervivencia tan importante como los sentidos sensoriales de la visión y el olfato.

Ahora surge la pregunta: ¿Porque es importante el tiempo en la vida del hombre? tal vez en el hombre primitivo la importancia radicaba en la posibilidad de predecir y anticiparse a los fenómenos naturales para asegurar su supervivencia. de hecho la predicción da lugar a la anticipación, la que a su vez brinda ventajas en actividades como la caza, la pesca, la agricultura, moverse de un lugar a otro y la organización individual, familiar  y comunitaria.
En la actualidad se reconoce el concepto de tiempo biológico como base de los mecanismos de adaptación de los organismos a su entorno físico y vital. Es posible  que el hombre haya podido sobrevivir al ambiente hostil y cambiante en el que vivía y ante el que estaba en desventaja, gracias a su capacidad de predecir y anticipar.

Si bien la conciencia del tiempo es una característica humana, la importancia del tiempo en las otras especies es fundamental para su supervivencia y será por esto que la mayoría de los organismos vivos hemos desarrollado mecanismos internos o endógenos que nos permiten medir el tiempo biológico. ¿Para qué? ¿Por qué?  en parte en respuesta y adaptación al medio ambiente que nos rodea y en parte también para coordinar internamente las funciones y procesos fisiológicos y metabólicos que pueden cambiar a lo largo del día y que pueden requerir estar no solo separados en el espacio sino también en el tiempo.

Desempeño intelectual, alimentación, metabolismo hepático, ¡comer de noche me cae pesado!, volumen de orina, PH, temperatura corporal, presión sanguínea, frecuencia cardíaca, secreción acida en el tracto grastointestinal, secreción de hormonas, la producción de melatonina (la hormona nocturna), producción de cortisol, glucocorticoide que regula el metabolismo de hidratos de como la glucosa, lípidos y proteínas, …
Estas variaciones son regulares, rítmicas y altamente predecibles: constituyen los ritmos biológicos, que pueden ser diarios, mensuales, estacionales o anuales. De estos ritmos, los más estudiados son aquellos que presentan una periodicidad próxima (circa del latín) a las 24 h o circadianos. Estos ritmos están comandados por los relojes biológicos internos que reúnen ciertas características esenciales y comunes:

  • Son innatos, se heredan de una generación a otra
  • Conservados evolutivamente a lo largo de todo el árbol filogenético desde cianobacterias al hombre pasando por invertebrados, plantas etc.
  • Se mantienen, siguen oscilando, en condiciones ambientales constantes de iluminación
  • No se ven afectados por la temperatura, hay una compensación térmica
  • Se ponen en hora mediante señales que provengan del medio ambiente que nos rodea o sea: son sincronizables, y obviamente en esto la luz que proviene del día, y los cambios a lo largo del mismo, son el mejor sincronizador. también, la alimentación, la actividad física, la interacción social, la temperatura, etc.

En que horarios nos sentimos mas cómodos para levantarnos y estar en plena actividad de trabajo, estudio, etc.?¿ Temprano o tarde?. Pensemos…¿Nos cuenta levantarnos  pero nos resistimos en ir a dormir a la noche, o por el contrario: nos levantamos temprano sin dificultad y necesitamos dormir tempranísimo.

Efectivamente en la naturaleza los individuos nos clasificamos en ALONDRAS y BUHOS de acuerdo a nuestro cronotipo.

Los humanos no tenemos “un” reloj biológico, más bien una relojería completa. Tanto en el cerebro como en el ojo, la glándula pineal órgano impar que produce de noche la hormona melatonina, y en los órganos periféricos tenemos osciladores biológicos o relojitos biológicos que están a nivel de las células individuales y en las cuales tiene lugar un mecanismo molecular de reloj muy conservado en las distintas especies estudiadas. Hay ADN (genes) que codifican para proteínas reloj que prenden y apagan la expresión de sus propias proteínas u otras controladas por el reloj en un periodo de tiempo cercano a las 24 h. Hoy se sabe que estas proteínas pueden controlar a su vez  la expresión de genes involucrados en distintos procesos celulares, metabólicos y fisiológicos vitales que requieren regulación temporal.

Si pensamos en este sistema de temporización biológica llamado “sistema circadiano” en términos de una orquesta con su Director y Músicos, y en donde todos los actores son importantes para ejecutar con precisión y ritmo la partitura de la Vida, y nos ubicamos en el Cerebro, nos encontramos que el Director está ubicado en el hipotálamo, en 2 núcleos pequeños de nombre difícil llamados Núcleos Supraquiasmáticos, que es el gran coordinador/sincronizador de los relojes y ritmos fisiológicos y conductuales a través de señales, factores solubles, que envía al resto del cuerpo y/o de sus múltiples proyecciones a otras áreas nerviosas.

Estos núcleos del hipotálamo reciben un gran caudal de proyecciones que vienen de la retina y esto es clave por que la retina, además de su función fundamental en la visión, es la encargada de censar las condiciones ambientales de iluminación tal como ocurre a lo largo del día-noche y enviar esta información lumínica al cerebro,  a los mencionados núcleos para ponerlos en hora con el medio externo.

La luz es el principal y más potente sincronizador del sistema circadiano dado que los cambios en la intensidad lumínica varían en alrededor 6 órdenes de magnitud a lo largo del día, y aun mas los seres vivos hemos desarrollado un segundo conjunto de células fotorreceptoras en la retina solo para detectar luz y ajustar el reloj biológico a las condiciones ambientales y regular la entrada de luz al ojo, a través de la pupila, (el reflejo pupilar), y contarle a la glándula pineal que es de día para que no siga produciendo la hormona melatonina. Este mecanismo es independiente del de la visión, es muy primitivo (ancestral), evolutivamente conservado y sigue funcionando aun cuando se produce ceguera y los fotorreceptores visuales no funcionan.

Los relojes, la salud y la enfermedad:

El reloj biológico de los humanos, genéticamente determinado, puede entrar en conflicto con la vida moderna debido a la iluminación artificial que prolonga la jornada de actividad, de trabajo o esparcimiento, y roba horas de sueño; los turnos rotativos, el trabajo nocturno, los viajes transmeridianos denominados “Jet Lag”; todas situaciones que pueden afectar seriamente la salud provocando una desregulación de los relojes, desincronización interna respecto a las condiciones ambientales del mundo externo y producir o favorecer problemas en el sueño, insomnio, depresiones estacionales, obesidad, diabetes, síndrome metabólico, etc.  

Los relojes biológicos, y la edad:

En los recién nacidos se observa una ritmicidad ultradiana en la alimentación de 8 veces en 24 hs que con el tiempo se transforma en Circadiana, de 2 a 3 veces por día, y donde el bebe  también logra dormir durante varias horas de noche y estar despierto de día.

En la adolescencia, las mujeres presentan un ritmo mensual circa-lunar (infradiano) en las hormonas y la ovulación que marcara los ciclos reproductivos y desaparecerá cerca de los 50 años.

Con la vejez, los ritmos endocrinos y metabólicos sufren disminución en la amplitud. Asimismo, el ritmo de sueño/vigilia comienza a fraccionarse; el anciano retoma la siesta y comienza a dormir periodos cortos durante el día, y periodos de vigilia durante la noche.

Los rendimientos físicos e intelectual también se ven afectados por el Reloj. El rendimiento para el aprendizaje y estudio en niños y adolescentes presenta un máximo de mañana de 9 a 12 y luego después de las 16. Los adolescentes presentan ritmos de actividad y descanso marcados durante la semana que se des-sincronizan durante los fines de semana y las vacaciones.

El mayor rendimiento para un deportista es por lo general a la tarde de 15 a 17 h, pero hay un porque para esto: En estos horarios hay un mejor tiempo de reacción, flexibilidad, destreza, ritmo cardiaco, ritmo respiratorio, consumo de oxigeno y temperatura corporal.

 

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