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Haciendo una similitud con los humanos, los robots, en general, están compuestos por los músculos que son los sistemas actuadores (los motores), los sentidos serían los sensores, el cerebro lo constituiría el procesador, y el sistema nervioso los controladores. Hay distintos tipos de robots: tenemos los teleoperadores, los animatrónicos, ahora están los humanoides. Las distintas generaciones de robots son las siguientes: Las primeras son manipuladores, sistemas mecánicos, que tienen un fin específico, que encontramos en las fábricas de automóviles. La segunda generación se basó en el aprendizaje y permite una secuencia de movimientos que se ejecuta por un operador humano. La tercera generación la constituyen los robots que son de control sensorizado, donde hay distintos tipos de sensores más la programación del robot. La cuarta generación son robots inteligentes, similares a los anteriores, pero que le permiten al robot tomar decisiones en ese mismo instante. Y están los robots de quinta generación, que se autoprograman y se autoalimentan con energía. ¿Cuál es la limitación que tienen los robots hasta hoy? Se llama el “test de Turing”. Si una máquina es inteligente debe pasar este “test”. Hasta ahora no ha ocurrido. El test consiste en que está una persona con una máquina y del otro lado, una tercera persona. La persona que está afuera les hace las mismas preguntas a la máquina y al ser humano. Si la tercera persona, con los resultados de la encuestas a la persona y a la máquina no puede detectar cuál de las respuestas corresponden a la máquina y cuál a la persona, se dice que el robot tiene inteligencia. Repetimos que hasta ahora, esto no ha ocurrido. Ahora quiero plantear el tema del “valle inquietante”. Qué es esto?. Cuando los robots toman una apariencia muy similar a la de los hombres. “El valle inquietante” consiste en la situación de ver a un robot que es tan parecido a uno mismo que “inquieta” y molesta que una máquina tenga una precisión de movimiento tan grande. Considero que los humanos podremos superar el “valle inquietante”, aunque todavía no lo sabemos, porque no ha llegado aún el momento de tener a robots tan evolucionados. Hay una serie de tópicos fundamentales para que la “revolución” de los robots se concrete. Uno fundamental es la Ley de Moore, la cual dice que cada dos años se duplica la capacidad de almacenamiento de un microprocesador. Esta ley fue formulada en 1950 y hasta el día de hoy se cumple taxativamente. Existen grupos que están intentando grabar un bit a nivel atómico, inclusive en los espines de un electrón. Esto va a reducir mucho los tamaños de los procesadores, que son los cerebros de un robot. Si estos experimentos funcionan vamos a tener humanoides con cerebros más chicos que el humano y con una capacidad de procesamiento mucho mayor.
Por otro lado están los materiales, especialmente las baterías inteligentes. Si la cantidad de celdas que hoy por hoy podemos usar de una batería las podemos seguir multiplicando vamos a conseguir un robot que tenga la suficiente energía para poder trabajar las 24 horas del día. También, si los precios de los procesadores, actuadores y los materiales sintéticos, creo que conseguiremos robots humanoides livianos, con absoluta capacidad de movimientos en muy poco tiempo. Los robots no serán buenos o malos, son y serán una herramienta cada vez más común y corriente con el paso del tiempo. Hasta que lleguemos al humanoide que cada uno tenga en su casa. Al ritmo que vamos, los robots podrán autoprogramarse. Van a tener grabados “situaciones conceptuales” que los guiarán para saber cómo actuar en determinados contextos. Y lograrán autonomía. No sé cuánto falta para que lleguemos a esto, pero llegará. |
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