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Reflexiones sobre la responsabilidad social de la difusión del conocimiento científico. Resumimos algunos de los conceptos expuestos por Daniel Saur durante la charla del Café:
Es necesario tener una mirada ético-política vigilante y lo suficientemente cauta sobre el funcionamiento de la ciencia y de los medios de comunicación, como también, de sus efectos favorables y perjuicios que recaen en la sociedad. Esta mirada conlleva indagar en los puntos comunes y en las articulaciones que existen entre estos dos dispositivos, la ciencia y los medios, con la sociedad. Por varias razones, los medios de comunicación necesitan de la ciencia para su desarrollo. Particularmente, la producción científica es fundamental como fuente informativa y documentada. También la ciencia requiere de los medios para su difusión y legitimación ante la sociedad, considerando que ellos son fuertes maquinarias legítimas y legitimadoras. Lo que aparece en los medios, por la visibilidad que otorgan, en términos generales y con todas las excepciones del caso, produce y pone en juego un efecto de legitimación y jerarquización. El carácter público de la ciencia y su reconocimiento social tiene un gran valor, particularmente, en sociedades con un enorme grado de complejidad y de conflictividad como la nuestra. La difusión del conocimiento científico, siempre y cuando sea responsable desde el punto de vista ético y político, puede contribuir a generar un poco más de racionalidad e inteligibilidad sobre ciertos temas que competen a la sociedad, ayudando a atenuar esa conflicticidad y a generar mejores condiciones de vida. Por otra parte, la ciencia aparece frecuentemente en los medios como “noticia” a partir de ciertos hechos relacionados conocidos como avances o descubrimientos científicos. Un ejemplo, es la cobertura que tuvo en todos los medios del país el lanzamiento del satélite SAC-D, a principios de junio. Sin embargo, es notorio que las instituciones que hacen ciencia en el primer mundo, como también las instituciones privadas del país, tienen mucho mas presencia en los medios nacionales que las instituciones públicas, considerando que éstas última tienen un peso y envergadura mayor en el sistema científico nacional. También, es importante remarcar la gran dificultad que implica armonizar dos “tempos” diferentes, como lo son “el tempo de la producción científica”, que requiere de largos procesos de prueba- error, de búsqueda bibliográficas, de fundamentaciones documentadas, etc., y “el tempo periodístico”, referido a la actualidad y planteado con una tensión muy fuerte entre la primicia y el chequeo informativo. Este último supone verificar la fuente para asegurarse que el hecho sea veraz y de que en la noticia aparezcan todos los componentes involucrados y afectados por el hecho. En esta tensión muchas veces se genera una batalla que generalmente gana la primicia. Es frecuente que los científicos, cuando son requeridos por los medios para hablar de temas que les competen, no quieran aparecer hablando de la actualidad. Con apariencia de indiferencia, resquemor o falta de compromiso, muchas veces los investigadores hacen evidente su incomodidad de opinar en un tiempo que no es el propio (el tiempo de la reflexión académica científica), sino el tiempo periodístico. La posibilidad de suprimir la tensión entre la ciencia y los medios de comunicación es en gran medida responsabilidad mutua y compartida, tanto de los periodistas como de los científicos, que debe implicar armonizar estos dos dispositivos tratando de acercarse y lograr que la operación de traducción del discurso técnico-científico, que a veces tiene muchísima complejidad, y el discurso informativo se lleven lo mejor posible.
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